sábado, 28 de agosto de 2010

Papel, papel: el que lo encuentra es para él

sábado, 28 de agosto de 2010 7
Con esto del revuelo en torno a Papel Prensa, una interesante discusión se generó en El Desgano. En el pasillo, por supuesto.

Primera contradicción: ¿justo ahora el papel de diario va a estar más barato, cuando a algunos medios medios se les ocurre ver si pueden encontrar el negocio en el periodismo digital? Con lo cual las mentes creativas -que, reitero, sólo aparecen en el pasillo- comenzaron a lanzar los mil y un usos posibles del papel de diario.

— Envolturas varias, verdura, huevos, ferretería, etc.

— Gorrito de papel para pintar.

— Votos y más votos.

— Aparición con vida de los periódicos barriales.

— Papel moneda, pero con papel de diario.

— Para paliar el frio.

— Para hacer abanicos descartables ante la ola de calor que seguro vendrá y provocará apagones múltiples.

— Papel picado para la cancha y cuanto acto ocurra, incluso para las piñatas de los cumpleaños.

— Pasta base.

— Producción de papel mâché a gran escala con el cual se pueden realizar múltiples objetos, desde simples bandejas a muebles, y lo que se imaginen.

— Limpieza de vidrios.

— Para recoger basura.

— Para emparejar las patas de una mesa.

— Para recoger las deposiciones de mascotas o para enseñarles a hacer sus deposiciones.

— Para envolver vajilla en desuso o durante una mudanza.

— Para tapar muebles o pisos cuandos se pinta.

— Para matar moscas u otros insectos, o para ser usado para aplicar correctivos.

— Contra la humedad en los días de lluvia.

— Para que algunos gerentes se hagan unas extras y aprendan un oficio (ustedes me entienden... Patapúfetes!).

— Para recortar, en tanto las maestras sigan empecinadas en enseñar el alfabeto a los niños con métodos antiguos.

— Para arrancarle el pedacito en blanco y escribir a las apuradas un número de teléfono.

— Como relleno de bolsos y carteras en los negocios del ramo.

— Para prender el fueguito del asado.

— Para que los asesinos seriales recorten sus letras y escriban sus amenazas.

— Como papel higiénico en situación de emergencia.

Vieron que sus usos son múltiples. Cristina, ¡ojo! No sólo con el papel se maneja la prensa escrita... Compañeros: ¡Por la liberación del papel de diario ya!

POR LISY SMILES

martes, 24 de agosto de 2010

Contra el destino de basurero

martes, 24 de agosto de 2010 10
Abajo y a la izquierda de la página de inicio de este "Cinco lucas..." se lee: "Por qué. Porque, muy a menudo, en cosas con destino de basurero que ocurren en el medio de las notas hay mayor sustancia humana que en ladrillos publicados en nombre del interés público".

La nota que sigue se publicó en versión reducida este domingo en La Capital. Varios párrafos perecieron ante el tirano espacio de los domingos donde la publicidad se come a las páginas como un Pacman. Acá va completa, contra el destino de basurero y el rescate de sustancia humana de las palabras de Guerriero.


“Soy dura: prefiero que el entrevistado cuente y que la sensibilidad quede en el texto”

Lo dice la periodista Leila Guerriero, reconocida internacionalmente por sus crónicas y perfiles y premiada por la fundación Nuevo Periodismo de García Márquez

Dura. Duro lo que narra, dura cuando critica al periodismo, duro su rostro en las fotos, dura y exigente con ella misma y su trabajo. Leila Guerriero, nacida en la ciudad de Junín en 1967, premiada y reconocida por sus crónicas y perfiles, aunque no se formó en facultad de periodismo alguna, lo reconoce. “Soy una dura, lo que no significa ser insensible. Flaco favor le hago a una historia si me pongo a llorar en una nota con alguien que está consternado. Prefiero que el entrevistado me cuente y que la sensibilidad quede en el texto”.

Y esa sensibilidad queda. Basta leer sus dos libros para comprobarlo: “Los suicidas del fin del mundo”, donde investigó una cadena de suicidios en la ciudad de Las Heras, provincia de Santa Cruz, y “Frutos extraños”, una compilación de trabajos publicados en el país y en el exterior; historias de unos 25 mil caracteres (o más). Algunas son mediáticamente conocidas, como la de Romina Tejerina, el Equipo Argentino de Antropología Forense (que identifica restos de desaparecidos en la última dictadura militar y cuya crónica premió la Fundación Nuevo Periodismo, de García Márquez), Yiya Murano y el empresario de la carne José Alberto Samid. Otras, domésticas, como la del supermercadista chino de su barrio.

También en este segundo texto analiza y reprueba a las mujeres "histéricas", las "pesadillas" de los city tours, los "enfermos" de la vida sana y "las mentiras" del periodismo. Filosa y dura, cuesta leer que las dedicatorias de sus dos libros se las haya dedicado tan tiernamente a Diego, su pareja desde hace 15 años y su "par" según dice.

Invitada por la Fundación La Capital, y en el marco del taller “La escritura de la crónica” que dicta Osvaldo Aguirre, Guerriero dio cuenta de cómo entra y sale de las vida de sus perfilados.

—Disponés de hasta tres meses para contar una historia. ¿En ese lapso, cómo es el tiempo de la investigación y de la escritura en tus crónicas?
—Bueno, no trabajo todos los días para la crónica durante esos tres meses, pero es cierto que cuento con mucho tiempo. Hay cosas que no podés hacer ni en una semana ni en dos. Primero entrevisto, compilo mucho material y recién después escribo. Cuando le hice el perfil a Jorge Bocetto, un doble de Freddy Mercury, estaban los músicos en su casa y en un momento a uno le dio diarrea. El Freddy Mercury falso fue quien salió a buscar las pastillas para la diarrea: ése momento, que te regala la realidad, te dice todo de una banda clon. Con el Equipo de Antropología Forense fueron también muchos meses pero había un motivo, pasaba que no aparecían las exhumaciones que yo quería ver y hasta que no apareciera eso yo sabía que mi crónica no había terminado. El de la escritura es un tiempo aparte: me llevó 15 días escribir la crónica de los forenses. Cuando escribo una crónica me encierro en mi casa y no salgo ni a pagar un impuesto. La crónica debe reposar, necesita tiempo, y pocos medios gráficos están dispuestos a darlo.

—En tu último libro, de todos modos, rescatás al que puede hacer el periodismo de un día para otro, si bien sos muy crítica sobre cómo se escribe y cómo se edita.
—Es que por un lado no todo debe ser narrado. No se trata de que la conferencia de prensa del ministro de Economía que habla del aumento de precio de los chinchulines comience con un «Esa mañana el ministro se despertó y no encontró los calcetines al pie de la cama y sintió que había una premonición extraña...». Pero por otro lado, no dejan de sorprenderme los suplementos de turismo y deportes. Son aburridos. ¿Cómo puede ser que las notas que cuentan cómo juega la gente sean todas iguales? Falta mirada, algo que va más allá de escribir un sujeto y un predicado. No quiero cargar las tintas sobre los editores que sufren muchas presiones, pero creo que han perdido la fe cuando repiten que los lectores ya no leen y entonces publican textos muy cortos adornados con reacuadros, infografías, mapas. Subestiman al lector en lugar de mostrar una gran nota bien escrita.

—También criticás el uso de las primera persona en la crónica y de algo que de tan habitual parece menor: el uso o no de grabador en una entrevista.
—No puedo creer que se hable con alguien apuntando en una libretita: es policíaco y antinatural. Es importante reflejar el habla de la gente, y no lo hacen igual un gay ilustrado de Palermo que un travesti del conurbano. En cuanto a la primera persona en la crónica la evito: no me gusta, me parece masturbatoria, salvo en caso de experiencias intransferibles de otro modo. La protagonista debe ser siempre la historia.

—No obstante en cada una de tus crónicas aparecés dialogando brevemente con el entrevistado.
—Porque para mí los diálogos iluminan el texto, lo hacen respirar, le dan un sentido sonoro y visual. A las crónicas las monto como a una película: como si estuviera pasando fotogramas. Para escribir en gráfica, para editar, hay que leer mucho, sobre todo ficción, y también ver cine. La estructura visual es vital. No es necesario pasar por la facultad para ser buen periodista: nadie enseña a ser curioso, escribir bien y tener sentido común.

—Decís también que la mayoría de los periodistas quieren ser escritores, ocupar el lugar de la Justicia o dedicarse a las historias ligadas a las catástrofes y tragedias.
—Por un lado no creo que ser escritor sea mejor que ser periodista; por otro, creo que el periodismo de denuncia e investigación está bien pero no puede ser el único periodismo serio posible. El lugar del periodismo no es juzgar, una cosa es reclamar y otra hacer una Justicia berreta, botona, como la del periodista que aporrea el mostrador y dice: «¡Qué barbaridad!». O el de la de la cámara oculta al marido de la actriz Beatriz Salomón. Y con respecto a los temas, entiendo que periodistas y editores sintamos una deuda con los desnutridos o marginados, pero me pregunto, por qué un periodista serio no puede hacer un gran perfil de un millonario argentino como Ricardo Fort. No para tomarle el pelo, hacer mofa de su silicona, saber si es o no gay. ¿Por qué dejar el mundo de las clases altas y del espectáculo en manos frívolas como las de las revistas Caras y Gente o los programas de chimento? Creo que nos da vergüenza o culpa poner el foco en historias amables.

POR LAURA VILCHE

fotos de Marcelo Bustamante

lunes, 23 de agosto de 2010

Gráficos en el mundo real

lunes, 23 de agosto de 2010 6
Algunos consejos para hacer infografías que no aparecen en los manuales.

Trigal

GZ: Acá dice mil toneladas… mil toneladas de qué… ¿toneladas de mierrrrda? (dientitos apretados, ojos en mis ojos).

Yo: Arriba, en el subtítulo, dice “Exportaciones de trigo”.

GZ: Ah… bueno, sacale el título y poné mil toneladas de trigo...

Ese diálogo con mi ex jefe GZ allá por 1998 me hizo notar que muchas veces lo que uno cree que es claro a veces no lo es.

• A no ser que usted provenga de algún país de Oriente o de escritura semítica, es conveniente que la referencia aparezca en la parte superior de la infografía. De manera de poder entender lo que sigue.

Títulos genéricos

• Son aquellos a los que se les puede echar mano cuando no aparece nada mejor. Ejemplos: “En números”, “Las cifras de…”, “Radiografía” (o “Anatomía”) de…”, “Ubicación”, “Cómo llegar”, “Para tener en cuenta”, “Principales características”, “El mapa de…”, “Zona de riesgo”, “Los últimos casos”, “Cronología”...

Estadísticas

• Si hay más de cinco partes en un gráfico torta, las últimas se suman bajo el rubro Otros. Es decir: si usted es del partido político Z y quiere saber cuánta gente podría votarlo se debe conformar con saber que está dentro del 28% que integran, además, otras 11 agrupaciones políticas.

• Si la suma de una torta no da ni a palos 100% se genera el improbable rubro Otros o Ns/Nc y allí se manda lo sobrante. Si esos rubros ya están, todos los remanentes se agregan ahí.

• Si hay una gran diferencia entre un ítem y otro, evite las proporciones. Es decir, si A tiene 3 y B 1.400.000 puede ser que A desaparezca o que para que aparezca B deba necesitar una página de dos metros de altura.

Mapas

• Si bien es aconsejable, no siempre es necesario poner la ciudad donde se edita su medio como referencia. Si un crimen ocurrió en una calle de Ushuaia no ubiquemos, por ejemplo, a Rosario en el mismo mapa y en la misma escala.

JL y las convenciones

Para un mapa, el norte es lo que queda hacia arriba. En consecuencia, el oeste está a la izquierda y el este a la derecha. Este supuesto no siempre ha funcionado con el secretario JL. Una de esas veces fue durante la confección de un esquema sobre la autopista Rosario-Córdoba, para la tapa del diario. Era una franja con un trazo que unía dos puntos. A la izquierda, el primero (Córdoba), en el extremo derecho Rosario y en el medio las otras localidades. Llevé el gráfico a corregir y noté que JL lo giraba, o inclinaba la cabeza para verlo de otro modo.

-Esto está mal, dalo vuelta…
-¿Qué cosa?
-Córdoba está acá (me dice señalando Rosario).

Luego vino un interminable diálogo en el que su compañero (SR) lo apoyó al estar ante la duda, mi jefe me dijo “no te pongás loco, hacé lo que te dice” y otras voces.

Todo se selló con el casi irrefutable:

-Yo soy el que acá da las órdenes…

El mapa salió “dado vuelta”. Al otro día, camino al trabajo lo vi mil veces mal en los kioscos de la peatonal. Sentí una vergüenza ajena que era mía. Llegué y me encontré a JR apenas traspasé la puerta.

-¡Quedó linda la tapa, eh! Vos qué decís? (en busca de asentimiento)
-(la remanida explicación)
-Nosotros estamos más allá de las convenciones…

Recursos infográficos

Es algo a lo que se echa mano cuando no hay más alternativa. Como es casi indefinible se lo denomina así. Entre ellos:

• Punteadito: es la enumeración de hechos y cosas precedidos, por lo general, por un bolito, símbolo o número. Una lista con onda, digamos.

• La fotinfo: algo así como una foto con un poco de texto encima o al costado, de gigantescas dimensiones para ocupar un espacio generoso. Ejemplo: una foto de 80 cm² con un dato relevante, del tipo “1 es el día que falta para mañana”.

Relativice el valor de una info

Si le solicitan un gráfico y luego le adosan la frase “Dale protagonismo, lucite” significa: “No tenemos fotos ni texto con qué llenar este espacio”.

Dos formas de saber si una info está buena

• Si nuestro jefe la quiere mostrar a la secretaría de redacción atribuyéndola a su gestión.

• Si no la entiende cierto secretario de redacción.

El goleador que no fue

En 1996 Eliseo Trillini hacía una página en el suplemento deportivo Ovación sobre fútbol de las ligas del interior de la provincia. Una tarde me presentó a un muchacho de un equipo de Bombal que, según me dijo, convirtió un gol de más de media cancha.

-Vamoadale protagonismo al pibe. Quiero que shalga una info con el detalle del gol... Contale, contale... (le dijo al asombrado muchacho).

Trillini se retiró unos minutos y el pibe me dijo:

-La verdad es que no fue tan así. La cancha estaba llena de pozos. La pelota iba al rastrón, rebotaba por cualquier lado y por eso fue gol...

Al otro día una foto a todo el ancho de página (formato sábana) abría la sección. “El cañonero de Bombal” decía el título. Abajo aparecía el goleador, sonriendo, montado en uno de los cañones del Monumento a la Bandera.

• Si en el después de un partido puede haber errores, antes de ellos puede haber aún más. Sobre todo si hay una pretensión cuasi-científica para elaborar una cancha en la que debe mostrarse cómo se parará un equipo. “Mové a este jugador dos milímetros más arriba, porque es ahí donde juega” alguna vez escuché.

Las fuentes

* Si se consulta un libro o a algún especialista, al pie de la info debe colocarse “Investigación:…”. Eso hace que parezca que hubiera un gran trabajo detrás y que usted se tomó la tarea con rigor. Si en realidad buscó algún dato para zafar en internet, evite poner “Fuente: Taringa!” porque eso hará que lo maltraten con rigor.

Recursos novedosos

• No abuse de algunos recursos. Es habitual ver que haya infografías que se representan sobre papeles rotos, con cintas adhesivas, tipografías novedosas, etc. Si un colega hizo una sobre el mate y pintó algunos gráficos con yerba no lo imite en una similar sobre el sistema cloacal de la ciudad.

De cómo guardarlas

Finalmente, unos tips para una parte del proceso que no es menos importante: el archivo.

• Es importante que a una infografía la podamos buscar fácilmente. Es decir, elijamos un nombre simple, breve y entendible. Evite usar mensajes en clave para recordar su ubicación porque después nos pueden acarrear problemas.

Ejemplo 1. Cierta vez Trillini (nuevamente él) buscaba desesperadamente un gráfico que había hecho un compañero mío. Se me instaló al lado muy enojado y me dijo que no se iba hasta que lo encontrara. Busqué hasta que lo encontré. Abrí el documento y se lo mostré con un inocente:

-¿Es esto, Eliseo?
-Sí... Mostrame qué dice ahí... me dijo visiblemente ofuscado y señalando el nombre del archivo.

Con el tembloroso índice de su mano derecha recorrió sobre la pantalla cada una de las letras del documento: “PAL CHOCHAN”.

Ejemplo 2. Más cerca en el tiempo, otro compañero guardó una infografía para Espectáculos. La había encargado un periodista con una leve tendencia a la tartamudez, que vino a reclamarla para su publicación. Sinceramente no la encontraba por ningún lado hasta que él mismo la descubrió. Decía “PARA PE-PEDRO”.

-Qué-qué hijos de puta!... exclamó.

POR JUAN CARLOS ESCOBAR

foto: Jurema Oliveira, bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported

miércoles, 18 de agosto de 2010

Una nota menos, una vergüenza más

miércoles, 18 de agosto de 2010 3
Bulto bajo manta grasienta. Un movimiento espasmódico sacude la oscuridad untuosa que se adivina bajo el amasijo, que hace las veces de cama para alguien, allí en la calle, en la avenida Columbus, San Francisco, California. La imagen me quedó grabada, permaneció en mí mientras me alejaba del lugar. Sobre todo la violencia eléctrica, mecánica, de ese secreto movimiento que se produjo debajo.

Me encontré a pocas cuadras con otro homeless, una mujer de mediana edad que de alguna manera habitaba, ocupaba y recorría el metro cúbico enmarcado por trozos de cajas que era su hogar, y entonces comencé a pensar en una estructura, en un encadenamiento de datos, unas líneas de descripciones que podrían convertirse en una nota: retrato de una persona que vive en la calle, una mínima radiografía de la pobreza en los Estados Unidos.

Extraje del bolsillo la libretita marca “Triunfante”. Cuarenta hojas a rayas, pero con índice telefónico. La había comprado muy apurado, minutos antes de dejar Rosario, y en ese último kiosco sólo había libretitas con ese inútil índice telefónico que ahora, no en aquel momento de “inspiración” claro, sino ahora, me parece indicativo de otras inutilidades.

Una buena descripción del entorno, contar en qué parte de la ciudad me encontré con esa persona, cerca de qué (para contrastar con la opulencia y la exquisitez de otros sectores de San Francisco), y fundamentalmente algunas palabras del homeless, un párrafo sería suficiente, pensé, mientras apuntaba algunos datos en la página que llevaba la pestaña con la letra F.

En una calle lateral, bastante más oscura que la avenida, aparece el candidato. El hombre acomoda sus bolsas en un rincón, como buscando un lugar donde pasar la noche. “Con las primeras sombras, esa escena se repite en cada una de las ciudades de los Estados Unidos”, pensé antes de encararlo, y lo pensé con las comillas y todo, como citando la nota nonata.

Faltaban todavía dos metros para llegar al tipo, pero no fue necesario dar un paso más. Un gruñido, seco, pastoso. Y un movimiento de brazos como las aspas de mi vergüenza. Retrocedí. Desanduve el camino desde el rincón oscuro y volví a perderme en la iluminada Columbus. Pero todavía, profesional, cronista, iba en busca de otra “fuente”.

Apenas tres cuadras más adelante demostré no haber aprendido la lección. En esa ocasión al tipo le alcanzó con el lenguaje gestual, el minimalista pero contundente mensaje de los ojos. Una mirada penetrante, de lástima, desprecio y furia, surgió de entre los jirones de color indefinido, en medio de la oscuridad olorosa.

¿Qué harían Horatio Algin y Hugo Mario Melo en una ocasión como esta?, me dije avergonzado, recurriendo a la auto ironía, como todo buen burgués bien intencionado y en retirada, mordaz aun en pleno fracaso. Me alejé, con todas mis buenas intenciones a cuestas (la otredad, la voz de los que no tienen voz), y toda la sarta de frasecitas que se vienen abajo apenas alguien nos desnuda. “La prepotencia del ignorante ante lo que no comprende ni jamás comprenderá”, anoté en la F, como quien toma apuntes para una no nota.

Hay una expresión elegante que alecciona sobre la necedad de quienes pretenden dar el paso más largo de lo que le permite la falda. Los anglosajones prefieren construir la máxima haciendo referencia a que no hay que meterse en la boca más de lo que uno es capaz de masticar. La más usada en nuestra cultura expresa la cuestión del límite con referencia a culos y a las alturas donde ellos pueden o no defecar.

En la “Triunfante”, sólo cuatro páginas más atrás, en la marcada con la C, encontré la salvación. Apuntes. Anotaciones vírgenes, tomadas tres días atrás y todavía no convertidas en nota. No tenía que hablar con nadie. No era necesario buscar estadísticas sobre la pobreza en Estados Unidos ni los homeless. Allí estaban los datos, esperando, ávidos. Me senté en un bar, pedí una cerveza y arranqué, inaugurando la página de la G: “Cabeza: Una experiencia única que bien vale los setenta dólares de la entrada. Un entreteniendo para toda la familia…..”. En un rato la tengo lista, dije. El tour en los Estudios Universal de Los Ángeles había estado bueno.

POR PABLO BILSKY

sábado, 14 de agosto de 2010

Hermanos

sábado, 14 de agosto de 2010 11
Seguramente él no está ni cerca de sospecharlo. Pero mi hermano mayor tiene mucho que ver con que yo sea periodista.

Fue, al menos, el que -insisto, sin saberlo- abrió una primera puerta: nunca se me había ocurrido que podía ser otra cosa que médico, como lo es él y como lo era mi papá, hasta que comencé a leer las revistas Humor que mi hermano mayor traía a casa.

El tendría 17 años y yo 13, todavía antes de que terminara la dictadura. El compraba la revista y la leía en su pieza. Yo aprovechaba cuando se iba.

No, no es que apenas vi Humor nació un interés súbito por los textos periodísticos. En realidad primero fueron los dibujos de Viuti y Grondona White los que acapararon mi atención.

Pero con el tiempo -y fundamentalmente con la costumbre que no puedo dejar desde entonces de leer cada vez que el baño llama- fui descubriendo las notas que después soñé con escribir yo mismo: las de Enrique Vázquez, Luis Gregorich, el gran Osvaldo Soriano, Horacio Verbitsky, Jaime Emma y Gloria Guerrero, en sus -perdón, pero está servido- gloriosas páginas sobre rock.

Recién ahora caigo en este aporte clave de mi hermano mayor para que yo dejara de lado el mandato paterno de estudiar Medicina, a pesar de que de la boca para afuera mi viejo -que se murió cuando yo tenía 15- siempre decía que éramos libres de elegir el camino que quisiéramos.

Debe ser porque Sabrina, una compañera de Rosario3.com, me dice que encontró en su casa una pila de revistas Humor y su marido, Pocho, supone que me pueden interesar.

Tiene razón Pocho. Pero para no agregar desorden a mi casa, tomada en estos años por hordas infantiles, y porque aparece un buen guardián para el tesoro, la colección termina en otro lado.

La casa de Lisandro es un típico departamento de muchacho soltero. Ahí sí, todo lo del dueño tiene lugar. Y si no, se hace, pues no hay que poner cosas de nadie más. Las revistas Humor, acomodadas una sobre otra en un estante bajo, me remiten necesariamente a otra época: es como estar en la pieza de mi hermano mayor, en la casa familiar de calle Córdoba.

Esa habitación siempre fue un lugar deseado por mí. Por las revistas y por otros tesoros, como los discos: Genesis, Cat Stevens, La Máquina de Hacer Pájaros, Eric Clapton. Sí, también en gustos musicales me influenció mi hermano mayor. No creo que él se interesara por las cosas de mi pieza: los libros de Emilio Salgari, las raquetas, las botellitas en miniatura de licores, la colección de estampillas, eran cosas de niño.

Supongo que debe pasar con todos los hermanos mayores. Son una suerte de guía. Y no aceptan ser guiados.

Cuando éramos chicos, mi hermano mayor me llevaba a la escuela, me enseñaba a cruzar la calle, a moverme en colectivo, no siempre en forma amable.

El primer beso en la boca se lo di a una nena del barrio. Tenía 8 años y la llevé al baño de la cochera del edificio donde vivía. Antes, mi hermano me dio indicaciones: “Abrí la boca y mové la lengua”.

En esa época vivíamos en pasaje Cajaraville y compartíamos el dormitorio. Entonces, los discos, las revistas, no sé si eran de los dos -seguramente no- pero al menos lo parecían. Sonaban Los Beatles y mi hermano y yo, encerrados en la habitación y valiéndonos de una raqueta Dunlop y otra Slazenger como guitarra y bajo, éramos Paul y John.

Otra veces salíamos al parque Urquiza –mi papá nos había regalado las camisetas de Newell’s, la mía con el 10 en la espalda y la de él con el 9- y éramos Zanabria y Oberti.

Lo recuerdo como momentos felices, en los que él era mi hermano, no mi hermano mayor.

Pero está bueno tener hermanos mayores. Diego, el mío, me subió a una bicicleta, me dio instrucciones para amar, me llevó a mis primeros recitales -el recuerdo es vago, pero creo que fueron Alas, Crucis, Charly (con la Máquina) en el teatro La Comedia y Spinetta en El Círculo-, cuando al resto de los chicos de mi edad ni siquiera les daban permiso para ir al cine a ver la película Melody. Y, años después, dejó al alcance de mis manos las revistas Humor, esas que se convirtieron en la primera ventana al relato de un país que era muy diferente al que yo creía hasta entonces.

¿Estaría ahora escribiendo en este blog que compartimos con otros hermanos que me dio la vida sin aquella brisa inicial? Nada más antiperiodístico que intentar responder esa pregunta.

POR DAMIAN SCHWARZSTEIN
 
Cinco Lucas en el Cabarute. Design by Pocket