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sábado, 28 de agosto de 2010

Papel, papel: el que lo encuentra es para él

sábado, 28 de agosto de 2010 7
Con esto del revuelo en torno a Papel Prensa, una interesante discusión se generó en El Desgano. En el pasillo, por supuesto.

Primera contradicción: ¿justo ahora el papel de diario va a estar más barato, cuando a algunos medios medios se les ocurre ver si pueden encontrar el negocio en el periodismo digital? Con lo cual las mentes creativas -que, reitero, sólo aparecen en el pasillo- comenzaron a lanzar los mil y un usos posibles del papel de diario.

— Envolturas varias, verdura, huevos, ferretería, etc.

— Gorrito de papel para pintar.

— Votos y más votos.

— Aparición con vida de los periódicos barriales.

— Papel moneda, pero con papel de diario.

— Para paliar el frio.

— Para hacer abanicos descartables ante la ola de calor que seguro vendrá y provocará apagones múltiples.

— Papel picado para la cancha y cuanto acto ocurra, incluso para las piñatas de los cumpleaños.

— Pasta base.

— Producción de papel mâché a gran escala con el cual se pueden realizar múltiples objetos, desde simples bandejas a muebles, y lo que se imaginen.

— Limpieza de vidrios.

— Para recoger basura.

— Para emparejar las patas de una mesa.

— Para recoger las deposiciones de mascotas o para enseñarles a hacer sus deposiciones.

— Para envolver vajilla en desuso o durante una mudanza.

— Para tapar muebles o pisos cuandos se pinta.

— Para matar moscas u otros insectos, o para ser usado para aplicar correctivos.

— Contra la humedad en los días de lluvia.

— Para que algunos gerentes se hagan unas extras y aprendan un oficio (ustedes me entienden... Patapúfetes!).

— Para recortar, en tanto las maestras sigan empecinadas en enseñar el alfabeto a los niños con métodos antiguos.

— Para arrancarle el pedacito en blanco y escribir a las apuradas un número de teléfono.

— Como relleno de bolsos y carteras en los negocios del ramo.

— Para prender el fueguito del asado.

— Para que los asesinos seriales recorten sus letras y escriban sus amenazas.

— Como papel higiénico en situación de emergencia.

Vieron que sus usos son múltiples. Cristina, ¡ojo! No sólo con el papel se maneja la prensa escrita... Compañeros: ¡Por la liberación del papel de diario ya!

POR LISY SMILES

sábado, 24 de julio de 2010

Después les cuento

sábado, 24 de julio de 2010 3
No estoy segura. Es algo que me suele pasar.

No estoy segura de escribir en este blog. De escribir en blogs (¿será ese el plural?).

El que invita dice que se puede escribir de cualquier cosa, que no hay obligaciones ni rutinas. El que invita es como el dueño del blog, no del cabarute, creo. Eso es lo que me da inseguridad, lo del cabarute, y encima con cinco lucas. ¿Si yo tuviera cinco lucas iría al cabarute?

No sé, admito que me produce intriga, que más de una vez escuché con insana curiosidad anécdotas al respecto. Recuerdo que una vez en el diario me “mandaron” a hacer una nota sobre los cabarutes y whiskerías (¿cómo mierda se escribe?). Y yo pensé: “¡Qué bueno!”. Era feliz, corrían épocas de cronista. Dos minutos después, dudé, más o menos como ahora. Era mina, ¿cómo carajo hacía para ir a un cabarute a ver qué onda sin que se dieran cuenta que era periodista?

El que mandaba era hombre y jefe. No abundaban las mujeres en la redacción, por entonces. Tampoco l@s cronistas. Habrá sido por eso. ¡Qué cabeza dura el tipo! No había manera de hacerle entender la complicación. “Buscate alguno que te acompañe”, me recomendó, sin dejar de preguntarme si ya había hecho la recorrida.

Y no había cinco lucas. Sí cabarute.

Primero le pedí a un amigo de fierro, me dijo que sí, arreglamos para encontrarnos, me dejó plantada. El lunes siguiente mi jefe la emprendió otra vez. “¿Y, fuiste?”, preguntó, mientras yo le ofrecía notas exclusivas por doquier. Pero nada, quería la del cabarute. “Ese es un tarado no puede sostener nada en la vida”, me dijo cuando le conté el plantón de mi amigo. Ese tenía un cargo en el diario, diríamos, importante. Era mi amigo, además.

Cada vez tenía menos ganas de ir al cabarute. “Buscate alguien serio”, dijo. ¿Alguien serio para ir al cabarute, tipo pareja swinger a ver qué onda? Busqué alguien más o menos serio. Y fuimos. Empezamos por las whiskerías. Era temprano, mi compañero quedó anonadado con las chicas en la barra. “Che, parecen de la facultad”, comentó.

Creo que no tenía mucha barra encima. O estaba lleno de prejuicios, no sé.

Algo de ambiente pude hacer y mínimas charlas con los tipos que atendían las barras. Encima mucha guita no teníamos para consumir. De eso hablábamos hasta que cuando íbamos a encarar el tercer boliche en el recorrido nos llamó la atención un señor en una mesa rodeado no sólo de un par de chicas sino de un par de caballeros a su alrededor. La cosa se estaba poniendo pesada. ¿Cuántos pasos más íbamos a dar antes de encontrarnos con algún “conocido” empresario y/o político? Un par, y lo constatamos.

Pegamos la vuelta. Y no hizo falta explicar mucho en la redacción.

Ahora ya entré a este cabarute, miro y después les cuento qué descubro. Mientras, voy pidiendo alguna copa, total con cinco lucas alcanza, ¿no?

POR LISY SMILES

foto: Sterling Ely, Creative Commons share-alike 2.0
 
Cinco Lucas en el Cabarute. Design by Pocket